SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!


La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia. Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y mas abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

lunes, 6 de mayo de 2013

El niño interno en la relación de pareja





  Los problemas de pareja son problemas personales que se expresan en la relación, y es en el vínculo amoroso donde emergen,  dado que estando con otro salen a la luz aspectos de uno que estaban en la sombra. La neurosis de uno se engancha con la del otro.

La idea principal  es plantearse:
  Si te molesta esta situación, ¿qué cuestión personal se refleja en el conflicto? Ya que “una piedra nunca te irrita a menos que esté en tu camino".

Lo que sucede es que:
“Proyecto en el otro las partes de mi que más rechazo.
"Cuando me doy cuenta de cómo me molesta esto en el otro, investigo cómo me molesta en mí mismo".
"Si pienso que yo no tengo nada de eso que me molesta del otro, el trabajo es darme cuenta de qué pongo yo de lo que tengo; porque si no pusiera de lo mío no me molestaría".
 Jung lo denomina “sombra”. Proyecto mi sombra en mi compañero y al verla en él, la descubro. 
  Entonces, tengo dos posibilidades: Intentar destruir la temida amenaza destruyéndolo a él o aceptar la oportunidad de integrarme con mi sombra y terminar para siempre con su amenaza.
  Sin duda, esto último, cambia totalmente la visión y  comprensión de los problemas de pareja, puesto que dejo de culpar al otro por lo que hace y comienzo  a ver qué estoy poniendo yo en este particular conflicto.

   En vez de utilizar mi energía para cambiar al otro, la utilizo para observarme. Y a partir de allí hablar de mí, de lo que yo necesito, de lo que a mí me pasa con las actitudes que él tiene.
  Esto es mucho más fácil de escuchar para la otra persona.
  La llave es estar siempre conectada con lo que me está pasando y no hablar del otro. En todo caso, si no me agrada lo que sucede ¿qué otra cosa podría hacer yo para generar algo que me guste más?
  Puedo quedarme llorando y quejándome, puedo buscar otro marido, o puedo ver cómo estar lo mejor posible con el que quiero y estoy.
  Puedo usar el conflicto para encontrarle una salida creativa, para ver qué puedo desarrollar de mí misma, con qué puntos ciegos me estoy enganchando.
 No se trata de esperar que no haya conflictos, sino de verlos como una oportunidad para desarrollarme.

  Y si bien es cierto que una de las dificultades es lo proyectado, la otra es la dificultad para darnos cuenta de que es lo que verdaderamente necesitamos.
  Generalmente, cuando no obtenemos lo que creemos necesitar, nos resulta más fácil reaccionar, antes que procurarnos aquello que nos falta, aunque muchas veces estemos pidiendo cosas equivocadas.
  Por ejemplo, puedo hacer un escándalo porque llegaste tarde. Así, la discusión se centra en esa pelea aparente. Pero no se trata de eso, sino de ver qué es lo que te estoy pidiendo a través de la puntualidad. Si me enojo porque llegás tarde, quizás lo que necesite no se resuelva con que llegues temprano.

  Habría que ver qué es lo que me afecta tanto, qué interpretación hago de tu llegada tarde, qué es lo que necesito de vos, qué te estoy pidiendo a través del reclamo de puntualidad... ¿Que me demuestres que te importo?, ¿que me valores?, ¿que me consideres? ¿De qué estoy hablando cuando reacciono? Hace falta una observación profunda y sin juicio para ver que carencias inconscientes hacen que reaccione de esa manera tan “arcaica” que en realidad proviene de los primeros años de vida, de  las conductas aprendidas para defendernos de las heridas que padecimos en la infancia.

  John Bradshaw llama a este recuerdo de la herida primigenia "el niño herido". Es este niño herido que llevamos dentro el que nos hace actuar así. Los dolores que no pudimos expresar en nuestra infancia los cargamos como una mochila, y se expresan con nuestras reacciones antes de que nos demos cuenta. Estas reacciones son las que nos causan más problemas en las relaciones íntimas, y claro, a la otra persona, le parecen irracionales, y exageradas.


  Cuando estamos en una relación, los enojos y dolores no resueltos en el pasado los actuamos en el presente con el otro a través de nuestras reacciones. Por lo general, estos viejos dolores no aparecen hasta que nos ponemos en pareja,  y suponemos que es nuestro compañero el que los causa. Habitualmente no ocurre al principio, sino en la medida que nos vamos sintiendo verdaderamente unidos con el otro.
  En muchos casos de separación el problema no se encuentra en la relación de uno con el otro, sino en asuntos no resueltos de uno de ellos (o de los dos) con su propio pasado.

  Hasta que no me ocupe de este niño herido él seguirá reaccionando y empeorando mis relaciones íntimas.
  Y el único que puede escucharlo soy yo mismo, cuando me ocupo de su tristeza, de su enojo.   Entonces el niño no va a reaccionar, porque está contenido.
  Algunas de estas heridas no las podemos descubrir en soledad, necesitamos de alguien que nos ayude a encontrar y nos permita sentir lo que sentimos sin descalificamos. El niño herido necesita validación de su dolor, sólo después, puede expresarlo y atravesarlo.

  El dolor es un proceso que ocurre a través del shock, la tristeza, la soledad, la herida, el enojo, la rabia, el remordimiento.
  Para llegar al punto del dolor es fundamental salirse de culpar al otro y observar qué me pasa a mí con mis reacciones.
  Cuando establecemos una pareja hacemos un pacto inconsciente en el cual, por ejemplo, yo espero que vos seas el padre que no me va a abandonar y vos esperás que yo sea la madre que te va a aceptar incondicionalmente como sos. Y cuando esto no ocurre, porque es imposible que el otro cure mis heridas, empiezo a culparte.

  Hay personas que pueden ser brillantes en el nivel adulto, pero cuando vuelven a la intimidad de sus relaciones más comprometidas no son más que niños infinitamente necesitados que reaccionan frente a la falta de cariño, de atención o de reconocimiento.

  Muchas veces los adultos no se ponen de acuerdo porque en realidad cada uno está expresando a su niño herido, como en su infancia reclamándole a su mamá o a su papá diferentes cosas, y el otro no puede dar porque también está pidiendo lo suyo.

  Como dice Welwood, “podemos aprender a aprovechar cada dificultad que encontramos en el camino para ahondar más, para conectarnos con más profundidad; no sólo con nuestra pareja, sino también con nuestra propia condición de estar vivos."

  Nunca como ahora las relaciones íntimas nos habían llamado a enfrentarnos a nosotros mismos y a los demás con tanta sinceridad y conciencia. Hoy mantener una conexión viva con una pareja íntima nos pone frente al desafío de liberarnos de viejos hábitos y puntos débiles, y desarrollar todo nuestro poder; sensibilidad y profundidad como seres humanos.

  En el pasado, quien deseaba explorar los misterios mas profundos de la vida se recluía en un monasterio o llevaba una vida ermitaña; en la actualidad, las relaciones íntimas se han convertido, para muchos de nosotros, en la nueva tierra indómita que nos coloca cara a cara con todos nuestros dioses y demonios.
  Como ya no podemos contar con las relaciones personales como fuentes predecibles de comodidad y seguridad, ellas nos sitúan ante una nueva encrucijada, en la que debemos hacer una elección crucial.

  Podemos luchar para aferrarnos a fantasías y fórmulas viejas y obsoletas, aunque no se correspondan con la realidad ni nos conduzcan a ningún lugar; o por el contrario, podemos aprender a tomar las dificultades en nuestras relaciones como oportunidades para despertar y sacar a la luz nuestras mejores cualidades humanas: el darse cuenta, la compasión, el humor; la sabiduría y la valerosa dedicación a la verdad.
  Si elegimos esto último, la relación se convierte en un camino capaz de profundizar nuestra conexión con nosotros mismos y con las personas que amamos, y de expandir nuestro sentido de lo que SOMOS ……

  Los que emprendemos este viaje tenemos que aprender algo nuevo: cómo permitir que el compromiso evolucione de modo natural, con muchos vaivenes, avances y retrocesos.
Por tanto, la incertidumbre con respecto a nuestra capacidad de enfrentar todos los desafíos que se presenten no es un problema, es parte del camino mismo.


SENTIR EL DOLOR PARA DESCUBRIR MIS NECESIDADES

Cuando queremos algo y no lo tenemos, es necesario sentir el dolor, este me permite encontrar mis verdaderas necesidades, y así podré   satisfacerlas. Porque si nos resistimos a sentirnos vulnerables, cada vez nos endurecemos más y nos alejamos de la posibilidad de dejarnos sentir lo que necesitamos, y cerramos también nuestra capacidad de recibir.
Esta estrategia de no sentir nos puede haber  servido durante la infancia. Quizás haya sido más que inteligente no sentir una necesidad que en realidad no podíamos satisfacer, pero de grandes podemos darnos nosotros mismos lo que necesitamos, o buscar las personas adecuadas a quienes pedírselo. Ya no dependemos de nuestros padres. Somos vulnerables pero no frágiles.
  No hay intimidad con estrategias, con ellas no vamos a sentir; cumpliremos con nuestras metas, o sentiremos el placer de dominar al otro, o de conquistarlo, o lograremos que otro nos mire; pero eso no tiene nada que ver con el verdadero encuentro, con la intimidad, con el amor.
  La idea es darnos en nuestra relación el espacio para el dolor y la confusión que aparecen cuando desarmamos nuestra estrategia antifrustración. Este es el camino del encuentro con otro ser humano.

  A partir de las frustraciones inherentes a la educación solemos creer que no somos valiosos o queribles tal como somos, y entonces nos vemos empujados a crear una identidad a la medida de aquellos por los que nos sentimos rechazados, nuestros padres.
  Esta identidad no alcanza para el aplauso, así que creamos una segunda identidad compensatoria, que dará lugar a una tercera, y a una cuarta, y a todas las necesarias hasta llegar a la que reciba la aprobación de los educadores, pensando que así vamos a lograr que nos quieran.
  Invento una identidad querible sobre la base de creer que mi ser, tal como es en realidad, no es querible.
  Entonces, cuando estamos en una relación íntima, el deseo que tenemos es que nuestro compañero confirme nuestra identidad compensatoria y, por otro lado, tenemos miedo de que nuestra identidad deficiente sea vista, que el otro se dé cuenta de que no somos como nos mostramos y por lo tanto, quizás, que no somos merecedores de su amor.

  La clave consiste en animarnos a sacarnos de encima nuestra supuesta identidad, instalarnos en el mundo sin tener la exigencia de responder a ella, descubriéndonos todo el tiempo y observando qué nos sale.
  La identidad es algo que nos inventamos y nos hace sufrir, porque nos exige responder de acuerdo con ella.
  Buscamos la intensidad del encuentro pero cuando llega nos asustamos, nos desestabilizamos. Y sin embargo es muy difícil no ansiarlo, porque intuimos que no hay nada más saludable que un encuentro auténtico, sin máscaras, sin engaños, actualizado y sin expectativas. Pero también intuimos que el riesgo de sufrir tiene un precio muy alto.
  Nos da tanto miedo entregarnos, fundirnos en el otro, que sólo podemos hacerlo parcialmente. El intento de protección contra los dos grandes monstruos: el rechazo y el abandono.
  Es muy duro desear a alguien y que no esté. Tal vez el trabajo consista en perderle el miedo a la entrega. Es  increíble el miedo a la entrega, cómo reaccionamos para no encontrarnos.     Cómo armamos líos y creamos distancia. Cómo nos confundimos y confundimos a los demás.   Generalmente hablamos de mecanismos inconscientes.

  Para evitar sentir el  dolor del desencuentro,  frenamos a veces la espontaneidad, buscamos vidas seguras encerradas en nuestra vieja personalidad calentita y estructurada.
  Y no es que esté mal, tampoco podemos vivir en carne viva. Pero este encierro se vuelve tarde o temprano, aburrido y angustiante.
  Es un “misterio”, hay personas que me llevan a abrirme y otras que me llevan a  cerrarme. ¿Qué pasa allí?
  Uno es quien decide abrirse o no con determinada persona en tal o cual momento.
  Siempre está rondando el miedo a la entrega, a sufrir, a desestabilizamos, a perder todo lo que fuimos logrando con la construcción de nuestra identidad.
  Es  interesante el tema de la química con el otro, tal vez porque ahí está el misterio.
  A veces, podemos mirar a una persona  y rechazarla, y sin embargo, en un instante o dos, al cambiar de mirada, sorprendernos amándola.


 Esta es la paradoja del vínculo amoroso:                                   
  Todo el tiempo somos otro, y la otra persona,  también es “otro”.
  La propuesta es aceptar esto y ver qué día se da el encuentro y qué día no se da, aceptar estas idas y vueltas de la relación como algo que es así, sin esperar otra cosa. No exigirnos sentir siempre lo mismo. Admitir con gusto el movimiento de las emociones y, por supuesto, aceptar que el otro también tenga esta conducta.
  Siempre que una relación es real se está creando y recreando de momento a momento.
  Esta dinámica de lo real también opera sobre la personalidad.
  Me refiero al ‘ser” en pareja y al “ser’ de cada uno. La personalidad es un vehículo para “descubrir” al Ser, nuestra Esencia.
  Es importante tomar conciencia de que somos el Ser y no solo la posición con la que nos identificamos.

  La mente tiene esta capacidad de definirnos de cierta manera, como si al ser de tal o cual forma no pudiéramos ser de ninguna otra.
   Este es el mecanismo que nos impide ser completos.
  Damos por sentado que somos el yo que nuestra mente ha construido, y no advertimos que ese yo es algo que se formó en el pasado, que tiene sus raíces allí y que su lealtad está dirigida a cosas que ocurrieron entonces, hechos y recuerdos más o menos distorsionados que estamos sosteniendo y tratando de mantener o de ocultar.
  En consecuencia, no podemos estar totalmente presentes, porque estamos atados a las cosas del pasado que nos determinaron a crear nuestra identidad. El yo estructurado es una resistencia a la Presencia incondicional.

  El trabajo consiste en cambiar nuestra lealtad al yo construido, el yo habitual, hacia nuestra verdadera naturaleza, que está por afuera de las barreras de nuestro yo construido.
  Salirnos de nuestra personalidad, para dejar que pierda fuerza, para agradecerle que nos haya ayudado a sobrevivir hasta ahora, pero aceptar que ya no nos sirve.
  Nos da miedo y es muy difícil meternos en los lugares oscuros de nuestro ser y abandonar nuestra vieja y conocida identidad.

  El hecho de dar y recibir amor se convierte en una tarea muy ardua si no estoy decidido a dejar mi vieja estructura.
   De distintas maneras, todos buscamos querer y ser queridos, aceptados, considerados, etc.
  No se trata de librarnos de nuestro yo construido, ni de romperlo, ni siquiera es cuestión de criticarlo o condenarlo de ninguna manera. Hacer esto sería un error. Porque es un paso en el camino, tuvo y sigue teniendo una función. Más bien se trata de trascender la personalidad.

  Las diferencias entre la estructura y la Esencia a veces no son tan rígidas, pero siempre son importantes:

La estructura (personalidad) está basada en el pasado, la Esencia es siempre presente.
La estructura es reactiva, en cambio la Esencia es abierta y no reactiva.
La estructura está relacionada con tratar de hacer, con el esfuerzo; por el contrario, la Esencia es sin esfuerzo, es no hacer.
La estructura está siempre mirando algo, queriendo algo, necesitando algo…. La Esencia está llena, no necesita nada.
La estructura está mimando afuera, la Esencia se asienta en sí misma.

  Welwood nos anima a salirnos de la idea de un yo estructurado. El propone directamente que nos conectemos con el vacío en vez de esforzarnos en llenarlo con una falsa identidad.
  Pero esa sensación de vacío es vivida como la gran amenaza a nuestra estructura. De hecho, todo el proyecto de identidad es una defensa para no sentirla.
  La mente no puede agarrar el vacío, la mente crea las historias sobre el vacío, como si fuera un agujero negro. El yo construye una barrera y todo lo que está afuera aparece como potencialmente peligroso.
  El YO estructurado transforma esa conducta evitativa en una necesidad vital, consiguiendo que la vida acabe girando permanentemente alrededor del peligro que implica el vacío.
  Estamos mucho más vivos cuando nos animamos a darnos cuenta de que no estamos necesariamente obligados a saber todo el tiempo quiénes creemos que somos, y que no tenemos por qué asegurar exactamente y al detalle qué se puede esperar de nosotros.
Darnos cuenta de que sí podemos lanzarnos a la experiencia de lo que deviene sin encadenarnos a un yo que nos limite a unas pocas respuestas conocidas.

          Fuente:  “Amarse con los ojos abiertos” J. Bucay y S. Salinas

sábado, 4 de mayo de 2013

Filosofía Perenne (principios fundamentales)



  La Filosofía Perenne es una visión del mundo, de verdades, compartida por la mayor parte de maestros espirituales, filósofos, pensadores y científicos de todas las culturas y en todas las épocas, y se ocupa principalmente de las estructuras profundas del encuentro humano con lo divino, lo que toca la esencia del ser humano.

   Los principios fundamentales son:

Existe una Realidad Suprema, que puede experimentarse, el Espíritu, y que recibe diferentes nombres (Tao, Dios, Brahman, Shiva….), que es eterno e inafectado.

2º El Espíritu está en nuestro interior, hay todo un universo en nuestro interior. La divinidad está en el centro de nuestro Ser, más allá del ego.

3º A pesar que el Espíritu está en nuestro interior, la mayor parte de personas viven en la separación, la dualidad, muchas veces, sin conectar con su esencia, sin ser conscientes de ella, por vivir apegados al ego, creyendo que es lo único que hay, esto es lo que mantiene la separación del Espíritu; al vivir en la dualidad (placer/dolor, sujeto/objeto, etc.), no se puede percibir la realidad tal cual es: la Identidad Suprema.

4º Hay una forma para salir, de despertar de la ilusión, del error,  un “camino” que conduce a la liberación: se trata de desidentificarnos del ego aislado, de trascenderlo, y esto puede suceder abruptamente, o como en la mayoría de los casos, gradualmente, siguiendo uno de los varios caminos que proponen las distintas tradiciones de sabiduría, que nos conducirá al estado de iluminación.

5º Llegados al final del camino: Renacemos, nos liberamos del ego y tomamos consciencia de que eternamente, hemos sido una unidad con Dios, sin habernos dado cuenta de ello. “Sólo cuando nuestro ego muere, comprendemos finalmente que no hay nada con lo que podamos identificarnos, y entonces, podemos transformarnos realmente en lo que ya somos”, podemos asumir lo que somos en realidad.

6º  Esta  liberación, iluminación, pone fin al sufrimiento, ya que la causa del sufrimiento es el apego y el deseo de nuestra identidad separada, y por medio de la meditación se trasciende al pequeño yo, al deseo y al apego (ego). Se puede sentir dolor, miedo, angustia, etc., pero al no estar identificados, no hay sufrimiento, porque se comprende que, siendo el Todo, no hay nada ajeno a él  que pueda hacerle daño y aumenta la compasión para ayudar  a quienes viven  en la ilusión del  sufrimiento como realidad.

7º  El final del sufrimiento, conduce a la ayuda amorosa y compasiva hacia los demás para que alcancen la liberación, un servicio desinteresado; al servir al otro, sirvo a mi propio ser, ya que todos somos uno en el mismo ser.
                                           Basado en una entrevista a Ken Wilber

lunes, 1 de abril de 2013

La crisis en el trabajo interior


  
A medida que profundizamos un poco más en nosotros, nos encontramos con que muchas cosas que antes nos ilusionaban ahora de repente nos damos cuenta de que son niñerías y esto nos obliga a cambiar nuestra escala de valores. Cuando esto lo descubrimos de un modo claro, definido, apenas presenta problema si realmente estamos decididos a proseguir nuestro camino cueste lo que cueste.

  El verdadero problema surge cuando apunta la nueva etapa, pero aún no estamos establecidos en ella. Cuando estamos a punto de llegar a un nuevo estado pero todavía no hemos llegado a él, porque entonces nos damos cuenta de que tal circunstancia o situación, la que sea, nuestro círculo social de amigos, nuestras costumbres y aficiones a las que hasta ahora hemos estado muy adheridos, están amenazando ya en desligarse y perder todo interés. Y esto sí que a veces produce miedo, perplejidad y vacilación por nuestra fuerte identificación con todo ello.

 Debemos darnos cuenta de que cada vez que sintamos estos miedos y estas dudas es que progresamos. No hemos de ver estas crisis como algo negativo, sino como puntos de referencia positivos de nuestro avance. Si no progresáramos no aparecerían miedos nuevos ni nuevas inquietudes. Desde este punto de vista cada vez que nos encontramos mal es que vamos bien, porque al fin y al cabo para seguir encontrándonos como ahora no valía la pena movernos de sitio.

  Siempre que hay un trabajo de profundización, un ensanchamiento de conciencia hay también algo que cae, algo que se suelta. Puede ser que a veces se perciba antes lo que se suelta que el nuevo estado interior que se encuentra detrás.
  Si primero se percibe lo positivo, estupendo, ya que lo antiguo cae como una fruta madura, sin ningún esfuerzo, como el adolescente se desprende con naturalidad de los juguetes que le apasionaban unos años atrás.
   Pero cuando primero uno siente que aquello va a caer y todavía no vive lo que hay detrás, el nuevo estado subjetivo, el grado de iluminación correspondiente, entonces es inevitable que sufra la crisis como algo intenso y doloroso.
 En esos momentos es cuando uno ha de aprender a tener discernimiento y serenidad, y darse cuenta de que siguiendo el trabajo, a pesar de todo, descubrirá al fin el poco valor y consistencia que tiene la costumbre antigua a la que aún tan fuertemente se agarra.

  Hemos de ver claro que en el trabajo interior vamos a ganar. Y a ganar no ya los objetos o las situaciones a que estamos adheridos, sino precisamente lo que vamos buscando, lo que estamos poniendo de valor en aquello. Porque siempre, de un modo o de otro, buscamos en cualquier cosa mayor plenitud, mayor satisfacción, mayor realidad. Y esto es precisamente lo que encontramos de un modo real y permanente. Por eso es importante que aprendamos a ver las crisis como amigas, como indicadoras de nuestro adelanto; nunca como barreras ante las que uno retrocede.

  Es evidente que todos las encontraremos en nuestro trabajo. Pero es que si no las encontramos porque trabajamos, las encontraremos igualmente porque la vida nos las impondrá. Y más vale que aprendamos a ir por nuestro pie y por la vía positiva de ir descubriendo lo bueno que se oculta detrás de todas las formas y de todas las apariencias, que no que la vida nos arranque las cosas de un modo violento en su sereno pero inflexible devenir.
                                                                Antonio Blay

La presencia en el dolor


  


  Tendemos a rechazar el dolor, huir de él y a buscar el placer…solemos temer al dolor y nos resistimos a él, intentando a toda costa eliminarlo, o distrayéndonos para no sentirlo, no nos han educado a escuchar el cuerpo, es mas, muchas tradiciones espirituales hasta pretenden negarlo, no darle importancia, cuando es por medio de nuestro cuerpo que podemos acceder a los mensajes que el alma tiene para nosotros, el síntoma es una guía preciosa, valiosa de que es lo que “no anda bien” en nuestro interior, un mensaje que si no logramos descifrarlo, a veces va  a peor, originando un sin número de enfermedades ….

  Nuestro comportamiento reactivo, nunca resuelve el dolor, el malestar. Echamos a correr en la dirección opuesta, alejando nuestra atención de la zona en que experimentamos el dolor, hacemos todo lo que está a nuestro alcance para aniquilar nuestra conciencia de esta experiencia con pastillas, alcohol, etc. Intentamos resistirnos a la experiencia y reprimirla mediante algún tipo de control y de sedación.
  Pero este comportamiento reactivo, nunca resuelve el dolor, simplemente lo reprime y pospone para otro momento.
  Inevitablemente el dolor o malestar reaparecerán posteriormente y seguirán intentando captar nuestra atención, o aparecerán bajo otro aspecto en cualquier otro lugar.

  Podemos transformar  el dolor, podemos escuchar sus mensajes, podemos aprender a escucharnos y buscar la coherencia entre lo que pienso, siento y hago.

  A medida que crecemos y nos convertimos en adultos educados, “condicionados”, aprendemos a no escuchar, no le damos tiempo a nuestro organismo para que pueda procesar el dolor de una manera natural, al resistirnos al dolor o buscar erradicarlo sin más (lo cual no significa que no podamos tomar un medicamento, o alguna terapia para aliviarlo…), no le damos la oportunidad de transformarlo.
 El dolor es un síntoma, una señal de alerta acerca de un fenómeno másprofundo.   Tenemos que tomar la decisión de enfrentarlo y escuchar lo quetiene para decir y enseñarnos.

  Se trata de desaprender lo aprendido, de desandar lo andado, y aprender nuevas maneras de interactuar con el dolor, nuevas maneras de pensar, nuevos hábitos saludables, para recuperar la vivacidad, vitalidad, la salud. 


Ejercicio para aprender a estar presente en el dolor:

*  Busca una postura cómoda, puede ser sentado o tumbado, permítete sentir el dolor físico o  emocional que está presente en ti en este preciso momento.

*  Toma consciencia de tu diálogo interno, lo que te dice tu mente en este momento. Permite tus pensamientos, obsérvalos, no los juzgues, no los rechaces, observa cómo tu mente intenta evitar la incomodidad analizando, justificando, dándole un sentido.
Presta  atención a tu  cuerpo, a las  sensaciones que percibes en él y a las emociones, así como son, sin analizarlas.

*  Ubica  en qué parte del cuerpo sientes  la sensación, la emoción. Déja que suceda mientras observas los cambios que se van procesando en tu cuerpo, sólo permite y observa respirándolos, sin intentar controlar

*  Podrás sentir diferentes sensaciones, que van variando, emociones que se intensifican para luego calmarse, permítete ese sentir, sólo observando y dejándote fluir con el proceso, confía en la inteligencia natural de tu cuerpo, toma consciencia que no eres esas sensaciones, emociones, sentimientos, eres el que observa ese ir y venir, permitiendo que tu cuerpo procese….  

*  Esto puede durar de unos pocos minutos  a media hora o algo mas..
Pasado el proceso de entrar en contacto con tu cuerpo, tus emociones, etc. puedes descansar para integrar lo experimentado, puedes llevar un diario donde anotes las experiencias..  

 Para transformar el dolor  físico/emocional, se requiere presencia, atención y permitírselo. Así aprendemos a ser conscientes de los patrones de pensamiento, creencias profundas que alimentan los estados emocionales produciendo contracciones y dolores físicos.

Al estar presentes, mas rápido ocurre la transformación, mas información nos llega para poder autoconocernos y mas tomamos consciencia que somos mas que todos estos mecanismos que activan las emociones, vamos aprendiendo a salirnos de los condicionamientos, de la vergüenza, la autocondena, de los miedos…para conectar con lo que realmente somos, con nuestra esencia.

 Toma consciencia:
* ¿Quién es el que experimenta lo que está siendo experimentado?
Intenta no perder la atención a  las sensaciones del cuerpo, no tienes que cambiar nada, sólo observa….
Al hacerlo de esta manera, puedes utilizar la experiencia para conectar con la realidad, con tu Ser.
                                                            Juana Ma. Martínez Camacho
                                                               Terapeuta Transpersonal
                                                                                    Terapeuta en Biodescodificación

Sacar partido al miedo



 En la actualidad los trastornos relacionados con el miedo experimentan un incremento asombroso en Occidente. Según la OMS, la ansiedad, los ataques de pánico, las fobias o las obsesiones afectan aproximadamente a un 15% de la población y constituyen uno de los primeros motivos de consulta médica y psicológica.

 Esto sucede, paradójicamente, en una sociedad que ha alcanzado unas cotas de seguridad y esperanza de vida difíciles de imaginar hace sólo unas pocas décadas.
  A pesar de disponer de excelentes avances médicos y tecnológicos que permiten tener mayor control y protección a todos los niveles, el miedo, más que debilitarse, aparece con mayor fuerza. Cada vez son más las personas que, sin razón aparente, sufren una intensa crisis de ansiedad que rompe su sensación de tener una vida ordenada y controlada. Otras se sienten dominadas por temores irracionales sin saber cómo librarse de ellos. El miedo a menudo se infiltra en las relaciones, en el trabajo, en los proyectos futuros, turbando la tranquilidad y limitando las posibilidades personales.

¿Cuál es nuestra relación particular con el miedo? ¿Hasta qué punto nos
afecta y bloquea?
  Esta emoción, indispensable para la supervivencia, también puede arruinar la vida. Solemos relacionarnos con el miedo con desconocimiento y de manera poco eficaz. Una opción, más inteligente pero a menudo más difícil, supone mirar cara a cara lo que produce temor, a fin de comprender el miedo y aprender a afrontarlo.

  “Anatomía del miedo” indica que frente a esta emoción los animales tienen cuatro tipos de reacciones: la huida, el ataque, la inmovilidad (lo que comúnmente se conoce como “hacerse el muerto”) y el sometimiento.
 La especie humana, añade, además de estas respuestas ha incorporado una nueva: actuar como si no tuviera miedo, es decir, negarlo.
  Intentar suprimir el miedo equivale a ignorar una señal de alarma que avisa de la existencia de un fuego. Silenciar la señal no significa que el fuego deje de existir, sino que incrementa las posibilidades de que se extienda o resulte más destructivo. De igual modo, sentir miedo no supone un problema en sí, sino que más bien apunta a una dificultad que conviene abordar.

La trampa del miedo
  Sogyal Rimpoché, autor de “El libro tibetano de la vida y la muerte”, recalca que “el miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son”.
  Los temores que nacen de la razón y no de un peligro real suelen gestarse en el pasado, en las vivencias negativas que un día ocurrieron, o proyectarse hacia el incierto futuro. Por eso la manera en que se responde en el presente no siempre es la más adecuada: se puede temer a algo que quizá supuso una amenaza pero ya no lo es, o bien sentirse aterrado ante un peligro inexistente.
“El miedo es un monstruo inventado por nosotros mismos que luego nos espanta y persigue. Pero en tanto construimos nuestros miedos, también tenemos la capacidad de disolverlos y superarlos”.
  El miedo hace que nos sintamos débiles, impotentes, vulnerables… Por eso la respuesta ante esta emoción suele ir dirigida a aumentar la sensación de seguridad. Cuando el peligro es real esto impulsa a protegerse, pero cuando el temor lo crea uno mismo el pensamiento suele reemplazar a la acción.

  Observarse, por ejemplo, a uno mismo o al entorno con aprensión temerosa facilita que se encuentren señales inquietantes que disparan el círculo vicioso del miedo.
 La ansiedad, como manifestación del miedo, genera intensas sensaciones como tensión, opresión, ahogo, mareo, aceleración del pulso… Cuanto más miedo producen estas sensaciones más se intentan controlar, lo que a su vez aumenta la ansiedad. Mientras que seguir la tendencia natural de evitar o huir ante lo que produce temor aporta una tranquilidad inmediata, pero con cada retirada el miedo avanza y gana terreno. Toca el miedo y se desvanecerá.

  En algún momento conviene valorar hasta qué punto los propios miedos impiden llevar a cabo lo que se desea o desarrollar las capacidades personales.
  Sean concretos o difusos, monstruosos o pequeños, todas las personas tienen algún tipo de temor. Puede tratarse del miedo a fallar, a perder el control, al compromiso, a la enfermedad, la muerte, o incluso se puede temer al propio miedo… La cuestión radica en cómo se maneja esta emoción.

  Siguiendo la famosa máxima de Abraham Lincoln, quizá la mejor manera de derrotar al enemigo sea trabando amistad con él. Como sucede en esas pesadillas en que alguien se siente perseguido y cuanto más corre más se acerca la amenaza, sólo mirando cara a cara lo que causa temor es posible romper el círculo vicioso del miedo.
  Así, al observar detenidamente qué aspecto tienen nuestros temores, cuándo aparecen o por qué resultan tan espantosos, se despejan las fantasías que se construyen alrededor de la inquietud. Es una manera de poner límites a ese monstruo informe e imponente llamado miedo. Pues al dar nombre a lo que se teme y al reconocer al miedo por lo que es: un miedo y no una realidad, parte de su poder se desvanece.

Un deseo oculto
  A menudo aquello que más se desea es lo que más atemoriza. Un hombre a quien le atrae una mujer puede sentir pavor a la hora de acercarse para hablar con ella. Querer triunfar a nivel profesional puede generar un terrible miedo al fracaso. Alguien que anhela tener más amistades quizá siente temor a mostrarse tal y como es.
Escribió el poeta mejicano Amado Nervo. Así pues, sólo cabe preguntarse: ¿qué anhelos se ocultan tras nuestros temores? Cuando el deseo sea más fuerte que el propio miedo acaso estaremos más dispuestos a afrontarlo.   Entonces el temor dejará de ser un enemigo interno para transformarse en auténtico valor.

 El País Semanal. Noviembre 2007


La sombra en las relaciones



  Es muy frecuente  que las relaciones de pareja sigan el mismo patrón, algo así como repetir ciertos rasgos,  atrayendo experiencias similares una y otra vez.
 Tal vez podríamos acercarnos al término que Jung acuñó como "sombra" para señalar aquellas partes de nosotros de las que no tenemos percepción, bien porque están latentes o bien porque han sido repudiadas. 
  Debido a que somos inconscientes de ellas, nuestro ego no las controla. Si alguna vez salen a la superficie pueden resultar perturbadoras. Entonces  nos enamoramos de alguna proyección de una parte repudiada de uno mismo. De manera que, enamorarse y  experimentar el amor loco, en esencia, es proyectar en alguien del sexo opuesto el propio Hombre interior o Mujer interior.

 Enamorarse a primera vista es "reconocer" o creerlo así en otra persona un modelo de masculinidad o feminidad ideal que uno lleva en su interior. En este sentido, las relaciones son espejos de nuestro yo. En ellos vemos, a veces dolorosamente, reflejos de partes de nosotros que hasta ese momento quizá no percibiríamos.

 De esta manera, las relaciones afectivas nos ayudan a crecer, pues nos convertimos más en aquello que amamos. De hecho tendemos a enamorarnos de cualidades que percibimos en la otra persona, precisamente porque esas cualidades son energías dormidas en nosotros que "resuenan" o son proyectadas en la pareja.

 Por ejemplo, los tipos intelectuales aprenden a darle cabida al sentimiento y la vulnerabilidad después de ser repetidamente desafiados por una pareja del tipo sensible... ó bien, los pragmáticos extravertidos llegan a respetar la intuición cuando las "corazonadas" de su pareja llegan a resultar correctas.

 En general, puede decirse que la energía opuesta, es decir la energía de la persona amada, no se "desprende", sino que es introyectada y hecha propia.
 En esta cultura suele ser muy frecuente que el hombre sea quien se quede anclado con la energía "pensante" dejando que la mujer ejerza la sensible... De manera similar cuanto más inflexiblemente terrenal y práctico sea uno de los dos, es probable que el otro se vuelva mas soñador.

 Para sanar nuestra sombra  uno no ha de "convertirse" en estas energías repudiadas, ya que quedan satisfechas con el mero reconocimiento de su existencia y respeto de su poder.
  Lo que sucede con estas energías repudiadas es que como la energía no se puede destruir, ha de ir a alguna parte, por lo que se ve empujada hacia el inconsciente, en donde se torna negativa y destructiva. Esta energía se vuelve como un proscrito que nada tiene que perder, tornándose depresiva o rebelde y, en términos míticos demoníaca.

  Esa parte de nosotros repudiadas, es como una  subpersonalidad repudiada que nos acosa hasta que es reconocida como una parte de nosotros que tiene su propia canción para cantar, su propia contribución que añadir a la plenitud de nuestro ser. Nos puede volver tensos, neuróticos, enfermos. La represión nos gasta gran cantidad de nuestra energía y nos consume y vacía.

  Existen líneas de 3 pensamiento que afirman la existencia de una correlación entre el cáncer y la represión asidua de las emociones, como si se tratase de la descontrolada manifestación física de la energía que está más allá de nuestro control.

  Un energía repudiada en nuestro inconsciente nos puede poner tan malos o por lo menos hacer que estemos tan incómodos como una comida no digerida. También actúa como un imán dentro de nosotros atrayendo experiencias molestas.

  Ejemplo, una mujer que ha reconocido su propio poder, no atraerá las mismas atenciones indeseadas como lo haría su hermana no liberada, cuyos inconscientes mensajes de "hembra desvalida" atraerán a muchos predadores.
  Por lo tanto,  no debemos negar dichas partes, debemos reclamar esas energías repudiadas, esas partes de nosotros y también honrarlas en vez de repudiarlas, creando de ese modo, más "cabezas de turco".

  En una relación de pareja, podríamos aprender a reconocer las partes de uno mismo que han sido repudiadas  reconociendo aquellas cualidades identificadas por los miembros de la pareja como el elemento que les resultó más atractivo de su compañero mutuo. Suelen ser las mismas que más tarde se convierten en motivo de conflicto.

  Ejemplo, el hombre que se sintió atraído por la cordialidad empatía y sociabilidad de su esposa, por ejemplo, la puede calificar más tarde como vulgar, entrometida y frívola. La mujer que admiraba la formalidad prudencia y seguridad que le ofrecía su marido puede censurarlo luego como insulso, aburrido y opresivo. Los rasgos más fascinantes y maravillosos de la pareja terminan convirtiéndose en las cosas más horribles y espantosas.  La cualidad sigue siendo la misma, pero más pronto o más tarde, termina adoptando un calificativo completamente opuesto.

  Para averiguar este supuesto, podríamos preguntarnos, ¿Qué fue lo primero que les atrajo al uno del otro? ¿qué creen que les hizo especiales a los ojos de su compañero? Tengamos en cuenta que la identificación proyectiva entre los amantes es la base de la confusión.

 La identificación proyectiva constituye un mecanismo mental muy difundido, complejo y destructivo que consiste en proyectar aquellos aspectos negativos y enajenados de la propia experiencia interna sobre la pareja y, luego percibir esos sentimientos disociados como si procedieran de ella. 
  Las proyecciones suelen ser intercambios, transacciones pactadas por ambos miembros de la pareja de aquellos 4 aspectos reprimidos de su propio yo. A partir de ese momento cada uno ve en la pareja lo que no puede percibir en sí mismo y lucha incesantemente por cambiarlo. Los amantes jamás se encontrarán porque moran eternamente uno en el otro.

 A nivel sociedad y cultura global la mente y el pensamiento racional han desterrado a la esfera de la oscuridad los impulsos animales, las pasiones sexuales y la naturaleza efímera del cuerpo. Por si esto fuera poco, el advenimiento de la era científica terminó concluyendo que el cuerpo no es más que un recipiente de productos químicos. Cuerpo-espíritu. Pecador-inocente. Animal-divino. Egoísta-altruista.

 Las consecuencias de este paradigma: "el cuerpo como sombra" son la culpabilidad, la vergüenza, la pérdida de la espontaneidad, la lucha a muerte contra las enfermedades psicosomáticas que, como consecuencia, traen un abuso de drogas y una adicción al sexo. El cuerpo es la escuela, la lección y el trampolín que nos permite acceder a reinos superiores.

 ¿Qué podemos hacer?
 Integrar.
                                                                José María Doria


lunes, 25 de febrero de 2013

Pérdidas



 La muerte es un suceso definitivo, pero antes de ocurrir deja muchas otras pérdidas de menor cuantía. Si nos tomáramos un momento para pensar en ello, veríamos el patrón de pérdida y ganancia que atraviesa toda nuestra vida.

  Cuando ocurren, las pérdidas parecen dolorosas, y el ego reacciona inevitablemente ante ellas deseando aferrarse. Sin embargo, el paso de la infancia a la adolescencia es una pérdida desde un punto de vista pero una ganancia desde otro; contraer matrimonio representa la pérdida de la soltería y la ganancia de un compañero. La pérdida y la ganancia son dos caras de la misma cosa. Lo único que produce ganancia absoluta en la vida es la ganancia de la consciencia, que es de lo que se trata esta búsqueda.

 ¿Alguna vez se te has preguntado que no puedes perder nada, porque nunca tuviste nada en realidad?",  "Lo único que has tenido realmente es a ti mismo”. Ese yo puede pasar un tiempo en una casa o en un empleo, en presencia de ciertas cosas o con cierta cantidad de dinero, pero con el tiempo todo eso cambia. Entonces lo único que queda es un recuerdo, una imagen, un concepto. Ninguno de ellos es real; son invenciones de la mente. Los pensamientos son como los invitados: llegan y se van mientras tú permaneces. Piensa en los objetos y en las posesiones de igual manera. Todos van y vienen y sólo tú permaneces.

  La vida está llena de adversidades, grandes o pequeñas. El ego se ha echado sobre los hombros la carga de proteger la vida. Nos defiende de la pérdida y el desastre y mantiene a raya el concepto de la muerte durante el mayor tiempo posible. Pero podemos verlo de otra manera: todo lo que existe en la creación está hecho de energía. Una vez creada, cualquier forma de energía debe mantenerse durante cierto tiempo. Después de un período de estabilidad, la fuerza vital desea traer algo nuevo a escena. A fin de hacerlo, es necesario disolver esos patrones viejos y desgastados.

  Esta disolución ocurre en nombre de la vida, porque sólo la vida nos rodea. Sin embargo, el ego se aferra a ciertas formas de energía que no desea que se disuelvan jamás. Una suma de dinero, una casa, una relación, un gobierno, etc., a su manera, todas ellas son formas de energía a las cuales tratamos de proteger contra el paso del tiempo. La gente lucha hasta la muerte, como dice el adagio, lo cual significa que está dispuesta a defender algo hasta cuando no quede otra alternativa que la disolución.

  La verdad es que esas luchas son innecesarias. No se puede luchar para que una rosa florezca. No se puede luchar para que un embrión se convierta en bebé, sencillamente lo hace, siguiendo su propio ritmo. Aunque el ego acepta fácilmente estos hechos acerca de la rosa y el bebé, no logra hacerlo con respecto al dinero, las casas, las relaciones y otras cosas a las cuales se apega. Pero  las mismas leyes universales lo gobiernan todo en la vida. Después de todo, nuestro ego no tuvo que librar una batalla para traernos a este mundo.

  La lucha del ego es una forma de oposición a la vida, porque pretende imponer una vida artificial. La naturaleza retira las cosas por una buena razón y a su debido tiempo, si deseas tener flores fuera de temporada, puedes bordar unas que duren para siempre, sin embargo, ¿quién podría decir que esas flores en realidad están vivas?

  Asimismo, cada vez que sentimos la necesidad de controlar y luchar, de retener a las personas, al dinero o a las cosas cuando se van, estamos contrariando la fuerza universal que mantiene todo en equilibrio. Deberás aprender a confiar para poder renunciar al control. Tu condicionamiento te lleva a desconfiar, porque  deseas desesperadamente creer que es inmune a los ciclos de la naturaleza. Aunque el cuerpo nace, envejece y muere,  el ser humano sueña con dejar edificaciones y estatuas inmortales, una reputación y cofres atestados de riquezas. Haz lo que desees, pero si quieres escapar del dolor y de la muerte, primero debes escapar del engaño que te hace creer que estás por encima de la naturaleza.

         Cuando logramos comenzar a ver las semillas de la oportunidad en los escombros del desastre, la confianza empieza a crecer. La confianza viene por etapas.
  Primero debemos ver que las nociones del ego acerca de la pérdida son falsas. El dolor no es la verdad, es aquello por lo cual  pasamos para encontrar la verdad.
 En segundo lugar, debemos buscar la otra cara del desastre o la pérdida, la semilla minúscula de lo nuevo que desea nacer.
  En tercer lugar, debemos reemplazar los lamentos y las culpas por el conocimiento sosegado y seguro de que estamos protegidos en el plan de la naturaleza.

   Lo que sea que hayamos perdido es temporal e irreal debía marcharse, no porque la naturaleza sea cruel e indiferente, sino porque cada paso que damos hacia lo real es precioso. Bajo esta nueva luz comenzaremos a ver que la pérdida y la ganancia son solamente una máscara. Debajo se encuentra la luz constante de lo eterno, la cual brilla a través de todo, tejiendo la unidad a partir del caos.
                                                                                                            D. Chopra