SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

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La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia. Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y mas abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

miércoles, 11 de abril de 2012

Niveles de desarrollo en las relaciones humanas



   En el mundo tan variado de las relaciones emocionales, podemos ver cinco niveles de desarrollo.

  El primer nivel es el de la “Dependencia”, es el primer escalón en la evolución de las relaciones, lo podemos ver claramente en un niño recién nacido, que depende naturalmente de su madre, pero también se da en muchos casos, por ejemplo, cuando un enamorado no es correspondido, se da mucho en la adolescencia, pero también en adultos , donde se proyecta en el ser amado todas las ilusiones y fantasías, creyendo no poder vivir sin la otra persona, y que conducen a la pareja a un desequilibrio donde predomina un patrón de dependencia, de sumisión y de dolor, cuando la otra persona no responde como uno quiere…, con frecuencia se suele decir:”no puedo vivir sin ti”.
  Si bien es cierto que uno puede amar mucho a una persona, y sentir lo maravillosa que es, y que si la “perdiera” se sentiría muy dolido, muy triste, ello no significa que es la única persona en el mundo, y que no se puede seguir viviendo sin esa persona, y esto generalmente se ve como algo normal, incluso las canciones románticas apoyan este modelo de dependencia, que a la larga, produce sufrimiento por el apego a la persona amada.

  El segundo nivel se denomina “Codependencia”, o algo así como “dos dependientes juntos”. En este tipo de relación, predomina el apego, la atadura, los celos y manipulaciones, controles, reproches, por ambas partes.
  En este nivel, la pareja pasa por vaivenes de atracción y rechazo, de goce y sufrimiento; donde el amor y el odio se van alternando con facilidad. La relación de co-dependencia se basa en uno es el complemento del otro, muchas veces tiene que ver con lo económico, uno es el sustento y la mujer permanece en casa, como sucede en parejas mayores, donde la mujer no ha trabajado fuera del hogar. Es común escuchar en este tipo de relaciones frases como “nos complementamos y no podemos vivir uno sin el otro”; no se trata de no definir roles, que es necesario en una pareja, sino que literalmente cada miembro en esta relación se siente la “mitad” del otro, se basa en el mito de la “media naranja”, donde uno necesita al otro, “te quiero porque te necesito” que no es igual que “te elijo, te abrazo porque te amo”.
  Conviene trabajar, desarrollar con lo que a uno le falta, la mujer desarrollar sus aspectos “masculinos”, y el hombre sus aspectos “femeninos” (que no tienen que ver con la homosexualidad).
  Esta estructura codependiente, lleva implícita la necesidad de cambiar al otro para que se ajuste a nuestros deseos, toda una manipulación emocional, muchas veces inconsciente, que lleva al miedo al abandono e incluso sentir confusión de la propia identidad. La manipulación se trata de amenazas sutiles, una manera de decir y hacer las cosas con otros fines que los que aparecen a primera vista, actitudes de “dar pena”, “lo que me hace sufrir”, algunas personas han aprendido de niños a ser simpáticos o hacer gracias para obtener de sus padres golosinas, y demás, y estos patrones de seducción, tienden a crear la necesidad de aprobación de los demás luego de adultos.

  La codependencia se puede ver también en personas que con frecuencia se han sentido tratadas injustamente y utilizan frases del tipo: ”con lo que yo he hecho por ti”, “no esperaba que te comportes así conmigo”, “pensaba que actuarías diferente”, “creí en ti y me has decepcionado”, “me has amargado la vida”….., tambien frases como “me haces tan feiíz”…..que depositan la responsabilidad en otra persona, tienen que ver con la expectativa que la persona se hace de cómo debiera responder el otro. Y lo cierto es que, nadie es responsable de los sentimientos ajenos, uno debe asumir su propia independencia emocional.
  Así es que si alguien dice sufrir por tu causa, es responsabilidad de esa persona que, en nombre del amor te ha dado un “poder” sobre ella basado en un patrón de dependencia.
  Pensemos que estos patrones se forman en la niñez, en la relación que tienen los padres entre ellos y con los hijos.   Tengamos en cuenta que la codependencia socialmente es aceptada, ejemplo: en muchos países, la esposa al casarse figura como Señora “de” tal;  generalmente decimos: mi mujer, mi marido, mi niño, con una cierta carga de propiedad…
  Para salirse de los patrones tóxicos de la dependencia emocional, hay que apostar al desarrollo personal, donde uno sienta que “no necesita al otro para ser feliz, sin embargo lo elije para compartir”.

  
  El tercer nivel es la“Independencia”, habla de una persona no dependiente, una persona que ha desarrollado una sensata autonomía emocional, es decir, una vida sin apegos excluyentes y con capacidad de renovarse y autogestionar los niveles de afectividad e intimidad. Personas que no tienen que negarse a si mismas para satisfacer las expectativas de los demás acerca de ellas. Personas que no necesitan la aprobación sistemática de los demás y que se saben completas y auto-referenciadas, que han aprendido a buscar lo que requieren para su equilibrio, y además, saben encontrarlo, esto recuerda a la frase de Fritz Perls (Gestalt) acerca de la Independencia:

“Yo hago lo mío y tu haces lo tuyo,
No estoy en el mundo para satisfacer tus expectativas
Y tú no estas en el mundo para llenar las mías.
Tú eres tú y yo soy yo.
Y si, por casualidad, nos encontramos, es hermoso.
Si no, no puede remediarse.”

  Se trata de modelos de desarrollo que han superado la manipulación soterrada, y pueden vivir en la sociedad sin necesidad de aislarse. Tengamos en cuenta que la soledad y el retiro es una bendición para el alma, no así el aislamiento, que resulta enfermizo y patológico.
  Para llegar a este nivel de independencia emocional, se ha de haber trabajado en integrar y desarrollar aquellas cualidades que, en principio nos faltaban para expresar nuestra madurez emocional. Se puede tomar como referencia que, aquella cualidad o habilidad que nos atrae de forma un poco exagerada del otro, es justo lo que debemos desarrollar en nosotros.. Una relación de amor en nuestra vida, es una bendición donde podemos aprender a sanar, gozar y crecer. Que pasaremos por dificultades, miedo a ser abandonados, etc., pero si sabemos ver, creceremos….
  Es importante tener en cuenta la diferencia entre amor y pasión. La pasión busca la felicidad en el otro, mientras que el amor busca la felicidad del otro.

  El cuarto nivel corresponde a la Co-independencia, o sea una relación que se basa en dos independientes unidos. Dos “naranjas enteras” que desde su autonomía e individualidad deciden unirse en sinergias de amor. En muchos casos este tipo de relaciones suelen iniciarse incluso en espacios físicos diferentes, por ejemplo, en casas distintas, situación que se prolonga hasta que deciden vivir en relación de “sumas” mutuas, y no de restas.
  Este es un nivel donde las personas siguen creciendo, sin apegos, y por ello con una gran capacidad, de compartir, interesarse, enriquecerse y aportarse mutuamente. Aquí no se produce ese temor a la pérdida del amor porque el otro triunfe, y el miedo a la pérdida del ser amado, es reemplazado por la confianza en la cooperación y el amor genuino.
  Aquí la relación es gratuita, nadie salva a nadie de nada, ni resuelve ningún problema. Ya no se siente aquello de “te quiero porque te necesito”, sino :”permanezco contigo, porque te amo, o, te elijo porque te amo.
  En este nivel no se depende de la aprobación de los demás, cada miembro de la relación puede tener amistades diferentes, las reuniones familiares de uno, no tienen porqué ser necesariamente compartidas por el otro …se basa en un profundo respeto y confianza al camino maduro y consciente del otro.

  El quinto nivel corresponde a la “Inter-Independencia”, una red de independientes, de relaciones que se encienden y activan cuando la consciencia se enfoca en cada cual, en un presente pleno, sin grietas. La persona está más allá de las perspectivas y está abierta a una red esencial de afectividad y cooperación.
  Su compromiso se establece con la calidad de la relación que es capaz de crear en este instante. Su familia, es la familia humana, y no se siente sola porque vive creando constantemente relaciones de afecto, respeto y sinceridad.
 La inter-independencia la alcanzan aquellas personas que cuando sienten el regocijo del amor, reconocen que, lo que aman en realidad no es tanto el apego carnal al rostro o a la forma del ser amado, sino que han llegado a ser conscientes del estado de consciencia que experimentan cuando interactúan con dicho ser. Esto quiere decir, que, cuando uno quiere y desea una pareja, un hijo, un coche ….en realidad lo que quiere no es esa persona o coche en sí, sino el estado mental que supone que va a experimentar cuando tenga ese coche, o abrase a esa persona, etc.
  Todos los deseos del ser humano, por muy sofisticados e idealizados que sean, corresponden a estados mentales, estados vibratorios de la consciencia, que se traducen en las mas variadas emociones y sentimientos: exaltación, cariño, ternura, protección, entrega….sentimientos que forman toda una gama de frecuencias, y que sólo “suceden” en el interior del cerebro, y se suelen traducir como amor y sus variantes.
  Podemos decir que la motivación para ser felíz, está en la calidad del amor del sujeto amante.
  Las afinidades tanto físicas como mentales y emocionales, son claves en las relaciones, sin embargo, el papel del sujeto que logra limpiar su mente de “proyecciones” que atribuye al otro, de sus carencias y sentimientos de abandono para llegar a no necesitarlo, sino simplemente amarlo, es un desarrollo que corresponde a cada cual hacer.

  De cualquier forma, el amor es un estado de consciencia profunda y esencial. Cuando tu conectas contigo mismo, con la esencia de tu ser, tú eres amor , cuya experiencia en nada depende de tu ser amado. Cuando mejor te lleves contigo mismo, más amarás a tu amada/o , a los árboles, a los pájaros, a todo el universo, incluso a tus propios enemigos.

  Amar no es un pensamiento, un sentimiento, una acción, Amar es una experiencia divina, nacida de un profundo acto de voluntad evolutiva, un Si, a veces misterioso que calienta el corazón.


     Este material es un pequeño extracto del  curso/Programa de Educación de las Emociones.

                                                                  Juana María Martínez Camacho
                                                                                                                  


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